Julia
acaba de descubrir que hay un misterio dentro del cuadro flamenco sin saber que
el reloj de ajedrez de esta partida había comenzado a correr hace mucho tiempo
atrás.
Cual
fichas de ajedrez los personajes van entrando en escena y como gladiadores
en contienda cada uno ocupa el espacio que le corresponde en el
tablero según los designios impuestos por el autor. Dibujadas con clínica
precisión (¿al mejor estilo de los pintores de Flandes?) las figuras dejan ver
sin tapujos los rasgos que las hace humanas: vicios, virtudes, caprichos,
ambiciones, dolencias, etc. Ya veremos quién es quién.
La
siguiente cita viene de un libro diferente: “Los más
altos niveles de creación literaria ocurren cuando los personajes de una
novela toman vida en la mente del escritor quien no puede ya ni
controlarles ni predecir sus acciones, solo seguirles y observar cada detalle de sus vidas con atónito interés. Como un voyerista. Así es como las obras maestras son escritas.” (Mi irreverente traducción
a un párrafo del libro Dark Forrest, el segundo de la trilogía: Remembrance of
Earth’s Past. Cixin Liu, 2008)
¿Será que
la novela de Pérez-Reverte cumplirá con esta sentencia?
Por
otro lado: si los seres humanos actuamos muchas veces “fuera del libreto”,
¿será porque somos una obra maestra?